Robin y yo: sanando la misma herida con amor

Hace casi cuatro años llegó Robin a mi vida. Una perrita negrita, de ojos expresivos y miedosos. No necesitó hablar para contarme su historia; bastó con su mirada para decirme que necesitaba: una familia y mucho amor.

Robin no confía fácilmente, es miedosa, sobre todo con los hombres (a quien Viry se parecerá) y le toma tiempo sentirse segura. Pero cuando por fin se permite confiar, es la compañera más amorosa que puedas imaginar. A veces creo que es mi clon, solo que en versión perruna.

Ella me lee. Sabe cuándo estoy triste, cuándo necesito silencio o cuándo necesito que se acueste en mi pecho para recordarme que todavía hay amor guardado para mi. Y ahí está Robin, dormida sobre mí, escuchando mi respiración como si en ella encontrara su propia calma.

Robin logra que deje de trabajar cuando ya es muy tarde, que me acuerde de darle de comer aunque se me haya olvidado hasta comer yo misma. Me despierta con besos todos los días, como si cada mañana me recordara: “aquí estoy, tú eres mi persona”.

La psicóloga me dijo un día que Robin y yo estábamos sanando juntas nuestras heridas de abandono. Ella perdió a su familia; yo también. Y juntas estamos construyendo la nuestra, junto con Winnie, su hermana, a quien Robin cuida con devoción porque sabe que el mundo a veces es brusco con las que son dulces e ingenuas.

Robin tiene pocos amigos, como yo. Pocas personas, pero intensamente importantes. No las suelta. Protege. Ama en silencio. Y es feliz en su casa, en su cama, en el rincón donde huele a mí. Pero si la sueltas en el bosque, se transforma. Corre como si el mundo fuera suyo, como si sus patas pudieran al fin olvidar el miedo.

Yo también tengo esos momentos. En los que corro, en los que río, en los que me acuerdo de que estoy viva.

Y por eso Robin es mi espejo. No porque sea igual a mí, sino porque en ella reconozco lo que he callado, lo que he sanado, y lo que aún me falta por abrazar.

Gracias, Robin, por ser mi familia, mi lugar seguro, mi corazón con patas.

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Una respuesta a «Robin y yo: sanando la misma herida con amor»

  1. Avatar de insightfulb4a62511b5
    insightfulb4a62511b5

    Esta hermosa historia de vida me hizo llorar, gracias a Dios por esos hermosos seres que no son sino ángeles diseñados para amar, y cuando se van, hay una estrella nueva en el cielo. Larga vida para tu Robin amiga del alma!!!

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