Como ya se sabe ayer fui al concierto de Shakira y como también ya se sabe haha no me gusta manejar así que opté por Uber, pero a la salida se tardó muchísimo en pasar por mí el man! Se perdió como tres veces el canijo!
Total que el lugar de espera se iba vaciando poco a poco, ya eran casi las dos de la mañana y confieso que empecé a sentir un poquito de miedo.
De pronto, una señora que estaba ahí se me acercó y me preguntó si también estaba esperando a mi Uber. Le dije que sí y me ofreció quedarme junto a ella y su esposo en lo que pasaban por mí. “Es que me da pendiente verte sola”, me dijo. Agradecí y me acerqué, y entonces me remató con una frase que me dejó pensando todo el camino a casa:
“No me gustaría ser tú, yo por lo menos tengo a mi esposo, pero pues tú, estás sola”
Sé que sus palabras venían de un lugar de preocupación, de cuidado incluso, pero me hizo reflexionar en lo mucho que tememos “estar solos”.
Ayer, en ese instante, lo pensé con mucha claridad: yo no estoy sola. Estoy conmigo misma y sobre todo, estoy con Dios.
Sí, hay momentos en los que la soledad pesa, no lo niego, pero también creo que hemos crecido con miedo a estar con nosotros mismos, como si fuera un castigo en vez de una oportunidad.
La ironía es que venía saliendo de un concierto que disfruté al máximo, canté, bailé, grité. La pasé increíble porque soy una compañía bien chida!
Shakira fue lo máximo, pero la verdadera lección de la noche me la dejó esa señora con su comentario: qué miedo tan grande tenemos a la soledad, cuando en realidad, si aprendemos a abrazarla, puede ser una de nuestras mayores fortalezas.
Deja un comentario