Seguir defendiendo mi voz

Hay días —muchos— en los que me pregunto por qué sigue siendo tan difícil para las mujeres hacerse respetar en espacios laborales dominados por hombres; y sí, uso esa palabra: «respetar» porque eso es lo mínimo que cualquier persona debería recibir. Pero cuando eres mujer, joven y líder, ese “mínimo” suele sentirse como una batalla diaria.

Mi día a día transcurre rodeada de hombres. Algunos grandes mentores, sí, pero la mayor parte del tiempo me enfrento a situaciones alrededor de ellos que me nefastean, aunque ya las haya vivido mil veces: que no me escuchan, que dudan de mi criterio, que cuestionan mi capacidad; sentirme observada con lupa para ver si se me “quiebra la voz”, si me enojo tantito, si muestro emoción… porque ahí está el estigma esperando:

“Otra vieja chillona y dramática.”

Y no lo digo como exageración; me lo han dicho lit… Y lo peor no es escucharlo, sino que por un momento… me hagan dudar y es que ese es el verdadero efecto del patriarcado: cuando te convence de que quizá sí estás exagerando, de que tal vez sí es tu culpa.

Recordar constantemente que defenderse no es pelear: es existir.

Defender mi opinión, defender mi lugar, defenderme de los pensamientos intrusivos que intentan convencerme de que no soy suficiente para sentarme en esas mesas

Contexto: en un foro me toca exponer. Y ahí estaba ese man, que decidió mansplainearme varias veces —como si yo no supiera de lo que hablaba, como si él tuviera la misión divina de corregirme, refrasearme.

¿Lo confronté en ese momento?

No.

¿Me nefastee?

Muchísimo más de lo que admití

Y lo que más me dolió no fue quedarme callada…

Fue salir del foro y ver las caras de las mujeres a mi alrededor que por supuesto se dieron cuenta, verlas frustradas, molestas, decepcionadas. Sentí una culpa doble:

al no defenderme a mí, tampoco las defendí a ellas.

Ser mujer y liderar equipos de mujeres es una responsabilidad que pesa y fallar duele.

¿Cómo le hago?

Necesito recordar cómo navegar estos espacios sin perder mi esencia, sin volverme la versión dura y desconectada de mí que el sistema casi empuja a crear.

Quiero seguir siendo yo, pero también quiero aplanar el camino para las mujeres que vienen detrás.

Pienso en las mujeres que vienen, en las que ya están, en las que me miran sin decir nada cuando un hombre me interrumpe, en las que esperan que yo haga algo porque saben que mi voz tiene un peso que la de ellas aún no.

Y recuerdo que aunque esté cansada… No estoy sola, hay que seguir defendiendo nuestra voz

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