Hace unos días entre la remodelación encontré una carta de mi abuelita, una de esas joyas que aparecen cuando no las estás buscando, pero llegan justo cuando las necesitas.
En esa carta, mi abuelita me dice que siempre me llevará en su corazón y que tiene la certeza de que con la inteligencia que Dios me dio, voy a saber llevar correctamente mi vida y cuidar a mi mamá.
Siempre he sentido que eso es parte de quien soy: inteligente, estudiosa, en otras palabras: ñoña jaja. Me encanta estudiar y le busco constantemente oportunidades para seguirlo haciendo y esa ambición hoy me tiene aquí, a punto de hacer realidad uno de mis más grandes sueños.
Boston se ve precioso y la cama de mi hotel está deli, pero no puedo dormir de la emoción porque mañana empiezo la semana residencial en el MIT.
Si, leyeron bien: el MIT!, lo logré! entré, estoy aquí!
Es un momento de mucha gratitud, de ñoñez absoluta. de felicidad pura.
De mirar hacia el cielo y decirle a mi abuelita: no te equivocaste, Dios me cuida, mi inteligencia me guía, pero sobre todo, tu amor siempre me acompaña.
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