Hoy es el cumpleaños de mi mamá, no es un día para celebrar, sino para honrarla.
Hace tiempo que esa palabra —honrar— resuena en mí, porque cuando pienso en su enfermedad, que poco a poco le ha ido robando palabras, recuerdos y certezas, lloro infinito y me pregunto: ¿cómo hago para que todo esto no sea en vano? Para que su enfermedad trascienda?
Quiero que su enfermedad me enseñe a vivir mejor, a aprovechar la oportunidad que yo sí tengo de decir lo que siento, de comunicarme con claridad, de no dejar para después lo que merece ser dicho hoy. De bailar, de abrazar, de vivir con consciencia.
Pienso en todas las cosas que mamá ya no puede expresar, en cómo vive encerrada en ese mundo donde ya no me reconoce, donde no sabe que existo, que la cuido, que sigo cumpliendo la promesa que alguna vez hice a mis abuelitos: nunca dejarla sola.
Siento que vivo en un duelo permanente, cada vez que la veo, cada vez que su esencia se sigue escondiendo más y más en un rincón al que ya no tengo acceso; le pido a Dios que le dé paz… y también a mi.
Hoy, en su cumpleaños, quiero honrarla no sólo como la mujer que fue, sino como mi maestra silenciosa.
Feliz cumple Chayito, hoy se baila una salsa en tu honor.
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